El arroz se produce comercialmente bajo tres sistemas principales, cada uno definido por la forma en que el cultivo recibe el agua durante su desarrollo. Estos sistemas son el arroz de riego o inundado, el arroz de secano favorecido y el arroz de secano de tierras altas. La elección entre uno u otro depende de factores como la disponibilidad de agua, la topografía del terreno y la infraestructura hidráulica con la que cuente cada región productora.
El sistema de riego por inundación es, por mucho, el más extendido a nivel mundial y representa la mayor parte de la producción comercial de arroz. En este esquema, los campos se mantienen cubiertos por una lámina de agua de entre cinco y quince centímetros durante buena parte del ciclo del cultivo. Esta inundación controlada cumple varias funciones simultáneas. Por un lado, suprime el crecimiento de malezas terrestres, ya que pocas especies compiten con el arroz en condiciones de anegamiento. Por otro lado, estabiliza la temperatura del suelo y facilita la disponibilidad de nutrientes como el nitrógeno y el fósforo, que se vuelven más asimilables en condiciones anaeróbicas. Este sistema requiere terrenos relativamente planos, divididos en parcelas conocidas como tablones o pozas, delimitadas por bordos de tierra que retienen el agua. La construcción y el mantenimiento de esta infraestructura representan una inversión considerable, pero permiten rendimientos altos y estables año tras año, siempre que exista una fuente confiable de agua, ya sea por gravedad desde presas y canales o mediante bombeo de pozos profundos.
El arroz de secano favorecido ocupa un lugar intermedio entre la producción inundada y la de tierras altas. Aquí el cultivo depende principalmente de la lluvia, aunque se practica en terrenos con cierta capacidad de retener humedad, como planicies bajas o zonas cercanas a cuerpos de agua que permiten encharcamientos temporales. No existe control total sobre la lámina de agua, pero las condiciones del terreno favorecen que la humedad se mantenga por periodos más largos que en un secano estricto. Este sistema es común en regiones donde la precipitación es abundante durante la temporada de lluvias, pero donde no se ha desarrollado infraestructura de riego formal. Los rendimientos suelen ser menores y más variables que en el sistema inundado, porque el productor queda expuesto a la irregularidad de las precipitaciones, ya sea por sequías intermedias o por exceso de lluvia que puede provocar encharcamientos dañinos en etapas sensibles del cultivo.
El tercer sistema, conocido como secano de tierras altas o arroz de temporal en laderas, se practica en terrenos con pendiente, sin ningún tipo de inundación ni retención artificial de agua. El cultivo se comporta de manera similar a otros granos de temporal, como el maíz o el sorgo, dependiendo exclusivamente de la lluvia y de la capacidad natural del suelo para retener humedad. Este sistema es típico de zonas montañosas o de colinas en algunas regiones tropicales, donde la topografía impide la construcción de tablones inundados. Aunque representa una proporción menor de la producción mundial, sigue siendo relevante para la seguridad alimentaria de comunidades locales en varias partes del mundo, sobre todo donde el acceso a infraestructura de riego es limitado. Los rendimientos en este sistema son generalmente los más bajos de los tres, y el cultivo es más vulnerable a periodos de escasez de lluvia, además de enfrentar mayor presión de malezas, ya que no cuenta con el efecto supresor que ofrece la inundación.
En México, la producción comercial se concentra principalmente en el sistema de riego, aprovechando la infraestructura hidráulica disponible en estados productores como Campeche, Veracruz y algunas zonas del Pacífico. La elección del sistema adecuado no depende únicamente de la disponibilidad de agua, sino también de las condiciones geográficas, edáficas y climáticas de cada región, que determinan qué tan viable resulta construir y mantener parcelas inundadas o si conviene optar por esquemas de temporal.
Independientemente del sistema elegido, cada uno exige decisiones específicas en cuanto al momento de siembra, la variedad utilizada y las prácticas de campo que acompañan el desarrollo del cultivo. Estas decisiones forman parte de lo que se conoce como el manejo agronómico del cultivo, que incluye aspectos como el riego, la nutrición y las actividades culturales necesarias para que el arroz alcance su potencial productivo, sin importar si se trata de un sistema inundado, de secano favorecido o de tierras altas. Comprender estas diferencias resulta clave para quien evalúe iniciar o expandir una operación arrocera, pues el sistema de producción condiciona tanto la inversión inicial como los riesgos y rendimientos esperados con el tiempo.
