Análisis de la producción de arroz en México durante 2023-2025

La producción mexicana de arroz mostró entre 2023 y 2025 una trayectoria de contracción y recuperación que, vista en conjunto, dejó al sector con un volumen ligeramente superior al punto de partida, pero con una estructura productiva más exigida. En 2023 se obtuvieron 252.1 mil toneladas; en 2024 el volumen cayó a 219.6 mil toneladas, una reducción de 12.9%, y en 2025 rebotó hasta 257.5 mil toneladas, 17.3% más que el año previo y 2.1% por encima de 2023. El dato más relevante es que este avance final no se explica por una mejora general de la productividad. La superficie cosechada aumentó 9.0% entre 2023 y 2025, mientras el rendimiento nacional pasó de 6.87 a 6.44 toneladas por hectárea, una disminución de 6.3%. En otras palabras, México produjo algo más de arroz porque destinó más superficie al cultivo, no porque cada hectárea haya generado más producto.

El segundo gran hallazgo es la creciente concentración territorial. Nayarit se mantuvo como líder nacional durante los tres años y produjo alrededor de 80 mil toneladas anuales, pero el cambio estructural más fuerte ocurrió en Campeche. La entidad pasó de 43.2 mil toneladas en 2023 a 61.7 mil en 2025, elevando su participación nacional de 17.2% a 24.0%. Al mismo tiempo, Veracruz retrocedió de 32.6 mil a 14.3 mil toneladas, una caída de 56.1%, pese a conservar rendimientos elevados. Michoacán reforzó su posición como tercer polo relevante y Tamaulipas reapareció con fuerza en 2025. El mapa competitivo, por tanto, no se movió solamente por productividad: también cambió por la expansión o contracción de hectáreas. En paralelo, el valor nacional de la producción terminó 2025 prácticamente en el mismo nivel de 2023, cerca de 1,464 millones de pesos, pese al mayor volumen, debido a que el precio promedio implícito retrocedió alrededor de 3.0%.

Evolución de la producción nacional

El periodo comenzó con una producción de 252,099.9 toneladas en 2023. Un año después, el sector perdió 32,512 toneladas y descendió hasta 219,587.9 toneladas. La caída estuvo asociada principalmente con una reducción de superficie: las hectáreas cosechadas pasaron de 36,693 a 31,346, una contracción de 14.6%. Como el rendimiento promedio incluso aumentó de 6.87 a 7.01 toneladas por hectárea, el deterioro de 2024 fue esencialmente un problema de escala productiva y no de eficiencia física.

En 2025 la situación se revirtió. La producción aumentó en 37,893 toneladas frente a 2024 y alcanzó 257,480.7 toneladas, el máximo del trienio. Sin embargo, la superficie cosechada creció todavía más, 27.6%, hasta casi 40 mil hectáreas. El rendimiento cayó a 6.44 toneladas por hectárea, su nivel más bajo del periodo. Esto modifica la lectura de la recuperación: el sector mostró capacidad para movilizar más tierra y recuperar volumen, pero lo hizo con menor productividad promedio. De mantenerse esa combinación, la expansión futura dependería cada vez más de superficie disponible y menos de ganancias de eficiencia.

Distribución geográfica de la producción

Nayarit fue el principal productor en los tres años. Generó 79.5 mil toneladas en 2023, 80.2 mil en 2024 y 79.7 mil en 2025. Su volumen fue extraordinariamente estable, aunque su participación fluctuó porque cambió el tamaño del mercado nacional: representó 31.5% en 2023, subió a 36.5% durante la contracción de 2024 y regresó a 31.0% en 2025. Su liderazgo, por tanto, no se apoyó en una expansión agresiva, sino en una base productiva consistentemente cercana a 80 mil toneladas.

Campeche fue el gran ganador territorial. Después de caer de 43.2 mil toneladas en 2023 a 26.3 mil en 2024, saltó a 61.7 mil toneladas en 2025. Entre los extremos del periodo, su producción creció 42.6% y su superficie cosechada 74.7%. El rendimiento, sin embargo, bajó de 5.88 a 4.80 toneladas por hectárea. Es una ganancia de competitividad por escala, no por productividad. Michoacán avanzó de 34.5 mil a 37.3 mil toneladas y sostuvo rendimientos superiores a ocho toneladas por hectárea, consolidándose como una de las combinaciones más equilibradas de volumen y eficiencia.

Veracruz siguió el camino contrario. Mantuvo cerca de 32.5 mil toneladas en 2023 y 2024, pero cayó a 14.3 mil en 2025. Su superficie cosechada se redujo 60.7% frente a 2023, mientras el rendimiento subió de 8.28 a 9.24 toneladas por hectárea. La entidad perdió peso por reducción de escala, no por deterioro productivo. Jalisco también redujo volumen, 13.1% entre 2023 y 2025, aunque elevó su rendimiento. Tabasco y Tamaulipas destacan en sentido opuesto: Tabasco aumentó 69.2% su producción en el periodo, y Tamaulipas produjo 15.1 mil toneladas en 2025, 18.1% más que en 2023.

Comportamiento de los ciclos agrícolas

Primavera-Verano fue el ciclo dominante durante todo el periodo. Concentró 60.9% de la producción nacional en 2023, 68.6% en 2024 y 64.6% en 2025. Su volumen pasó de 153.6 mil toneladas en 2023 a 150.7 mil en 2024 y después a 166.3 mil en 2025. El ciclo, por tanto, aportó la mayor parte de la recuperación final, aunque su rendimiento se deterioró de 6.80 a 6.12 toneladas por hectárea entre 2023 y 2025.

Otoño-Invierno fue menor en volumen, pero generalmente más productivo. En 2023 alcanzó 6.99 toneladas por hectárea; en 2024 subió a 8.25 y en 2025 quedó en 7.11. Su producción cayó con fuerza en 2024, de 98.5 mil a 68.9 mil toneladas, y se recuperó parcialmente a 91.2 mil en 2025. Nayarit aportó en 2025 más de la mitad de su cosecha en este ciclo, mientras Tamaulipas dependió completamente de Otoño-Invierno. Campeche, Michoacán y Jalisco combinaron ambos ciclos, una característica que diversifica el calendario productivo y reduce la dependencia de una sola ventana agrícola.

Diferencias entre riego y temporal

El arroz mexicano se sostiene principalmente sobre riego. En 2023 esta modalidad aportó 88.8% de la producción, en 2024 84.8% y en 2025 79.6%. La reducción de participación no significa que el riego haya dejado de ser dominante, sino que el temporal creció con mayor rapidez. La superficie de temporal cosechada pasó de 6,223 hectáreas en 2023 a 11,314 en 2025, mientras su producción aumentó de 28.3 mil a 52.4 mil toneladas.

La brecha de productividad es significativa. En 2025 el riego obtuvo 7.15 toneladas por hectárea frente a 4.63 en temporal, una ventaja cercana a 54%. La diferencia ya era amplia en 2023, cuando los rendimientos fueron 7.34 y 4.55 toneladas, respectivamente. El temporal ganó peso en la estructura nacional, pero no cerró la brecha tecnológica o productiva. Campeche ilustra esta transición: en 2025, 53% de su producción provino de temporal, mientras Nayarit, Michoacán, Jalisco, Morelos y Tamaulipas conservaron una clara orientación hacia riego.

Superficie sembrada y superficie cosechada

La superficie sembrada pasó de 36,877 hectáreas en 2023 a 31,346 en 2024 y luego se expandió hasta 40,251 en 2025. La superficie cosechada siguió prácticamente la misma trayectoria: 36,693, 31,346 y 39,996 hectáreas, respectivamente. Esto confirma que el ajuste de escala fue uno de los principales determinantes del comportamiento del volumen nacional.

La diferencia entre superficie sembrada y cosechada fue reducida en términos agregados. En 2023 quedaron sin cosechar 184 hectáreas, equivalentes a 0.5% de lo sembrado. En 2024 no hubo diferencia y en 2025 el margen fue de 255 hectáreas, 0.6%. El reto no parece estar en una pérdida masiva de superficie después de la siembra, sino en qué tan productiva resulta cada hectárea incorporada. Esto es especialmente visible en Campeche, donde la expansión de superficie superó ampliamente el crecimiento del volumen. En contraste, Tamaulipas produjo más en 2025 que en 2023 aun con menor superficie cosechada, gracias a un salto de rendimiento de 6.08 a 7.94 toneladas por hectárea.

Rendimiento y productividad por hectárea

Morelos registró el mayor rendimiento estatal del periodo entre las entidades con escala relevante: 10.43 toneladas por hectárea en 2023, 10.39 en 2024 y 10.52 en 2025. Su limitante fue el tamaño, con poco más de 600 hectáreas cosechadas en 2025. Veracruz también destacó por productividad, con 9.24 toneladas por hectárea en 2025, aunque su caída de superficie redujo drásticamente su influencia nacional. Michoacán mantuvo rendimientos de 8.85, 8.00 y 8.15 toneladas en los tres años, combinando productividad alta con una escala mucho mayor que Morelos.

Entre las entidades que mejoraron, Tamaulipas sobresale por elevar 30.8% su rendimiento entre 2023 y 2025. Jalisco avanzó de 6.54 a 7.11 toneladas, y Tabasco de 6.11 a 6.51. Nayarit permaneció prácticamente estable entre los extremos, alrededor de 6.7 toneladas, aunque tuvo un pico de 7.50 en 2024. Campeche representa el principal foco de atención: su rendimiento cayó 18.3% entre 2023 y 2025. Su crecimiento de volumen es importante, pero existe una oportunidad clara para convertir la expansión territorial en mayor productividad.

Precios y valor de la producción

El precio promedio implícito nacional pasó de aproximadamente 5,863 pesos por tonelada en 2023 a 5,929 en 2024 y 5,685 en 2025. El aumento de 2024 amortiguó parcialmente la caída del volumen, pero no evitó que el valor nacional disminuyera 11.9%, de 1,478.1 a 1,301.8 millones de pesos. En 2025 el valor repuntó a 1,463.9 millones, 12.4% más que en 2024, aunque quedó 1.0% por debajo de 2023 a pesar de producirse 2.1% más arroz.

Las diferencias estatales fueron amplias. Jalisco registró los mayores precios promedio entre los principales productores, con 7,461 pesos por tonelada en 2023 y 8,091 en 2024, aunque descendió a 6,412 en 2025. Colima también se mantuvo por encima del promedio nacional, con 6,456 pesos en 2025. Nayarit combinó el mayor volumen con un precio cercano a 5,896 pesos y alcanzó un valor de producción de 470.2 millones de pesos en 2025, el más alto del país. Campeche ocupó el segundo lugar en valor con 325.2 millones, seguido de Michoacán con 207.4 millones.

La capital nacional del arroz

Santiago Ixcuintla, Nayarit, fue el municipio productor más importante de México durante los tres años. Generó 65.5 mil toneladas en 2023, 59.0 mil en 2024 y 56.0 mil en 2025. Aun con una trayectoria descendente, su escala continuó muy por encima de cualquier otro municipio. En 2025 produjo por sí solo alrededor de una quinta parte del arroz nacional y cerca de 70% del volumen de Nayarit.

Su comportamiento también revela una tensión. En 2024 elevó el rendimiento a 8.10 toneladas por hectárea con una superficie menor, pero en 2025 el rendimiento descendió a 6.64 y la producción volvió a caer. Mientras Santiago Ixcuintla cedía volumen, surgieron nuevos focos de expansión. Hopelchén, Campeche, pasó de 1.2 mil toneladas en 2023 a 19.4 mil en 2025; Tepalcatepec, Michoacán, casi duplicó su volumen frente a 2024 hasta 13.8 mil toneladas; y El Mante, Tamaulipas, alcanzó 13.5 mil toneladas en 2025. Santiago Ixcuintla sigue siendo la capital nacional del arroz, pero la geografía municipal muestra una competencia más dinámica detrás del líder.

Tendencias y desafíos del sector

La primera tendencia es una recuperación apoyada en superficie. México cerró 2025 con el mayor volumen del trienio, pero también con la mayor superficie sembrada y el menor rendimiento promedio. El principal desafío consiste en elevar productividad antes de que el crecimiento dependa cada vez más de incorporar hectáreas. Campeche es el caso más evidente: su expansión lo convirtió en segundo productor nacional, pero la caída de rendimiento muestra que todavía existe espacio considerable para capturar más toneladas sobre la superficie ya establecida.

La segunda tendencia es la recomposición regional. Nayarit conserva el liderazgo y Michoacán mantiene una posición robusta por su combinación de escala y rendimiento. Campeche gana peso rápidamente; Tamaulipas y Tabasco muestran mejoras relevantes; Veracruz pierde escala pese a conservar una productividad sobresaliente; y Jalisco reduce volumen aunque mantiene rendimientos y precios relativamente altos. Esto abre oportunidades distintas: eficiencia y recuperación de superficie en Veracruz, productividad en Campeche, consolidación de rendimientos en Tamaulipas y Tabasco, y preservación de la base productiva en Nayarit.

La tercera tendencia es el crecimiento del temporal. Su participación en el volumen nacional subió de 11.2% a 20.4% entre 2023 y 2025, pero con rendimientos persistentemente inferiores a los del riego. Ese avance puede ampliar la base productiva, aunque también eleva la importancia de mejorar el desempeño por hectárea en esa modalidad. En conjunto, el sector llega a 2025 con más arroz y una geografía productiva más diversificada, pero sin una mejora equivalente en productividad o valor. La oportunidad principal está en transformar expansión territorial en eficiencia, recuperar zonas que han perdido escala y fortalecer los polos que ya combinan volumen, rendimiento y valor económico.

Fuente de la información

Cierres Agrícolas de la DGSIAP para 2023, 2024 y 2025


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