México produce arroz muy por debajo de lo que necesita para alimentar a su población, y esa brecha define casi por completo la dinámica comercial de este grano en el país. En el ciclo 2024 a 2025, la producción nacional se ubicó alrededor de 236 mil toneladas de arroz palay (el grano tal como sale de la planta, antes de que se le retire la cáscara), equivalentes a 162 mil toneladas de arroz pulido, que es el producto ya listo para el consumo. Durante ese mismo periodo, el consumo total del país rondó 1,005,000 toneladas, mientras que las importaciones llegaron a 893,000 toneladas. Esa diferencia muestra con claridad que el mercado interno depende de compras externas para sostener el abasto durante todo el año, ya que la cosecha nacional cubre apenas una fracción reducida de la demanda total.
Esta situación no siempre fue así. Hasta 1988 México era autosuficiente en la producción de arroz, pero a partir de entonces comenzó un declive sostenido que coincidió con la eliminación de precios de garantía y la reducción de subsidios a la producción desde 1989. Desde ese momento, la dependencia de las importaciones ha crecido de forma casi constante. Datos históricos muestran que entre 2010 y 2012, el 85% del consumo de arroz pulido en México provino del exterior, y estudios más recientes calculan que la producción nacional cubre apenas alrededor del 20% del consumo interno.
La producción que sí existe se concentra en pocos estados. Nayarit es el mayor productor del país, seguido por Veracruz, Michoacán, Campeche y Jalisco. Estas cinco entidades concentran la mayor parte del volumen nacional, mientras que el resto de los estados productores aporta cantidades marginales. Esta concentración geográfica hace que cualquier eventualidad climática o fitosanitaria en alguna de estas regiones tenga un impacto proporcionalmente grande sobre la disponibilidad total de arroz mexicano en el mercado.
En cuanto a las importaciones, Estados Unidos es el principal socio comercial de México en este rubro, y concentra una parte mayoritaria del volumen que el país trae del exterior. El arroz importado suele destinarse sobre todo a la industria de la molienda, ya que buena parte de las compras corresponden a arroz palay que después se procesa en territorio mexicano. Esto genera una cadena comercial particular, donde el grano nacional y el importado conviven en el mismo mercado, aunque con percepciones distintas entre los consumidores, quienes suelen valorar más al arroz producido en México que al importado, incluso cuando el volumen de este último es mayor.
El comportamiento del precio también refleja esta dinámica de escasez relativa. En 2024, el precio promedio del arroz en México alcanzó su máximo histórico, con 5,813 pesos por tonelada, lo que representó un incremento de 1.9% respecto al año anterior. Este nivel de precios se explica en parte por los costos de producción que enfrentan los agricultores, un tema que se aborda con mayor profundidad al revisar los gastos que implica cultivar arroz en México, y en parte por la presión que ejerce la demanda interna sobre una oferta nacional limitada.
La perspectiva para el ciclo 2025 a 2026 muestra una mejora moderada en el frente productivo. La proyección más reciente ubica la producción en 275,000 toneladas de arroz palay, equivalentes a 189,000 toneladas de arroz pulido, lo que representaría un avance frente al ciclo anterior. Sin embargo, aun con esa mejora, la producción interna seguiría por debajo de una quinta parte del uso doméstico, de manera que la autosuficiencia todavía queda lejos del horizonte inmediato.
Esta combinación de producción limitada, consumo firme y dependencia estructural de las compras externas configura un escenario donde la brecha entre oferta y demanda no se cierra de forma rápida, pero tampoco permanece estática. Los apoyos públicos dirigidos a zonas con potencial de expansión, junto con la recuperación productiva observada en años recientes, sugieren que existen espacios concretos para quienes buscan participar en esta cadena, ya sea desde la producción primaria, el procesamiento o la comercialización. Identificar con precisión dónde se encuentran esos espacios, considerando las presiones actuales del mercado, es precisamente el enfoque que conviene revisar al explorar las oportunidades de negocio que surgen alrededor del arroz en el contexto mexicano actual.
